El príncipe Harry cumple este jueves 38 años, una celebración que seguro que va a quedar grabada para siempre en su memoria, ya que se produce justo una semana después del fallecimiento de su abuela, Isabel II, a los 96 años.
Las tristes circunstancias han hecho que el duque de Sussex y su esposa, Meghan Markle, estén en territorio británico en una fecha tan señalada algo que nunca se hubiera imaginado hace tan solo unos días.
El hijo menor del rey Carlos III vive desde hace más de dos años en Estados Unidos, donde ha establecido su hogar tras desvincularse de sus labores como miembro de primer nivel de la monarquía inglesa.
En California, junto a Meghan y sus hijos, Archie y Lilibet, el Príncipe ha echado raíces y cada vez está más integrado en el estilo de vida californiano.
Ha forjado amistades y disfruta de su ansiada privacidad. No parece echar de menos su vida anterior en Londres. Lo más probable es que Harry hubiera planeado por su cumpleaños un plan familiar que hubiera dado paso a una celebración solo para dos en alguno de los exclusivos restaurantes que hay en Los Ángeles. Sin embargo, las carambolas del destino han hecho que tenga que pasarlo en el país que le vio nacer y del que huyó buscando la felicidad.
Además, hay que recordar que aunque tanto él como Meghan han hecho piña con la Familia Real británica durante los múltiples homenajes que se están realizado a Isabel II, los Windsor están a día de hoy rotos por el dolor de haber perdido no solo a su Reina, sino a la matriarca de todo el clan, muy querida por todos ellos, incluidos Harry y Meghan. Así que de luto y en tierra un tanto ‘hostil’ tendrá que dar la bienvenida a los 38 años.
Harry y Meghan se encontraban en Reino Unido cuando Isabel II murió. Habían ido a Manchester y a Londres a unos eventos relacionados con sus intereses y también habían visitado Alemania por trabajo. Dos días después de estar en tierras germanas, la monarca falleció, dando así al traste con todos sus planes. Desde entonces, los duques de Sussex han permanecido en Reino Unido, donde conservan su casa de Frogmore Cottage, en Windsor, muy cerca de Adelaide Cottage, la propiedad a la que recientemente se han mudado los príncipes de Gales.