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E3-A AWACS: El avión que vigilará el espacio aéreo de Madrid durante la Cumbre de la OTAN

Madrid se blindará para recibir la cumbre de la OTAN de la próxima semana, entre el martes 28 y el jueves 30 de junio, con un ambicioso dispositivo policial y militar que protegerá la capital de cualquier amenaza. Habrá problemas para circular por el centro, pero eso no afectará a los encargados de garantizar la seguridad del encuentro desde los cielos. A los aviones F-18, los Eurofighters y los helicópteros NH90 de las Fuerzas Armadas de España se unirá un avión de alerta temprana AWACS de la OTAN, capaz de vigilar el espacio aéreo en unos 400 kilómetros a la redonda.

El avión, también conocido como “los ojos del cielo” desde que empezó a operar para la Alianza Atlántica hace 40 años, tendrá su pista de despegue y aterrizaje en la base de Torrejón de Ardoz. Su misión más importante será la de sobrevolar Madrid para detectar cualquier riesgo tanto en tierra como en el aire. Cualquier aeronave o dispositivo no tripulado, como los drones, que entren en la zona de exclusión aérea será descubierto de inmediato gracias a su potente radar.

AWACS responde a las siglas de sistema de alerta y control aerotransportado. Son aviones capaces de cumplir con una amplísima gama de tareas, como el control aéreo, el apoyo antiterrorista, la evacuación y operaciones de respuesta a crisis. Aunque la OTAN está trabajando en reemplazarlos por aeronaves más modernas, en la actualidad son la mejor garantía posible para proteger un evento tan importante como la cumbre organizada por España.

Los ojos del cielo

El avión que sobrevolará Madrid, según parece, es un Boeing E-3A Sentry procedente de Geilenkirchen, en Alemania, la base principal en Europa para los vuelos AWACS. De hecho, 14 de los 18 aviones de este tipo que tiene la OTAN están en ese aeródromo, mientras los tres restantes están en los hangares de la base militar de Washington, en Reino Unido.

Su diseño está basado en el clásico Boeing 707, uno de los primeros modelos de la aviación comercial que lograron ser rentables, pero cuenta con un elemento característico que lo diferencia a simple vista: un enorme radar PESA en forma de disco de 9 metros de diámetro situado en la parte superior del fuselaje, que da 6 vueltas por minuto y ofrece vigilancia electrónica en tiempo real.

La potencia del radar es una de las claves del éxito de estos aviones, ya que ofrece una vigilancia avanzada proporcionando a la tripulación datos muy precisos sobre cualquier posible amenaza. Su alcance cubre 360 grados en 400 kilómetros a la redonda, sean cuales sean las condiciones climatológicas. Tres aviones de este tipo que operen en órbitas superpuestas y coordinadas son capaces de proporcionar una cobertura radar ininterrumpida

de toda Europa central.

Según la propia web de la OTAN, los aviones AWACS pueden “detectar, rastrear, identificar y reportar aeronaves potencialmente hostiles que operan a bajas altitudes, así como proporcionar control de cazas aliados. Al mismo tiempo, puede rastrear e identificar contactos marítimos y proporcionar apoyo de coordinación a las fuerzas de superficie aliadas”.

En la cabina hay espacio para dos pilotos, un ingeniero de vuelo y un navegador (innecesario en los modelos más modernos gracias a la innovación tecnológica). Aunque tiene una capacidad real para 35 tripulantes, el resto del avión lo suelen ocupar 14 personas, que se encargan del centro de operaciones tácticas y de revisar las lecturas de los sistemas pasivos de detección de amenazas.

Por lo general, este tipo de aeronaves vuelan durante ocho horas y media a una altitud de unos 10 km, con una velocidad máxima de 853 km/h. Sus casi 90.000 litros de combustible le permiten una mayor autonomía pero, si es necesario alargar la misión, puede repostar en pleno vuelo con ayuda del avión cisterna KC-135.

Historial impecable

Los AWACS son uno de los pocos vehículos militares propiedad de la OTAN, ya que por lo general la alianza no utiliza fondos comunes para adquirir sistemas militares, una responsabilidad que corresponde a cada uno de los estados miembro. Sólo uno de los aparatos adquiridos por la Alianza Atlántica se ha perdido tras un accidente en Grecia.

El primer E-3 de las Fuerzas Aéreas estadounidenses fue entregado en marzo de 1977, el inicio de una larga historia que todavía no tiene fin. Actualmente, se está estudiando su modernización para adecuarse al Programa de Extensión de la Vida Útil Final, que garantizará la viabilidad operativa de la aeronave hasta 2035. Aún así, la OTAN ya trabaja con Boeing y el consorcio europeo Abiliti para buscar a su sustituto de cara al futuro.

En 1991, el mismo año en el que se produjo la última unidad de este avión, el AWACS E-3A Sentry participó activamente en la Operación Tormenta del Desierto. Tuvo un papel crucial coordinando a los aviones de la coalición para neutralizar la reacción de Saddam Hussein, que había invadido Kuwait.

Varios aviones AWACS vigilaron de cerca la crisis de los Balcanes, para hacer cumplir las resoluciones de la ONU y apoyar las operaciones de la OTAN en Bosnia Herzegovina y Kosovo. Tras los ataques del 11-S, la alianza desplegó siete de estas aeronaves durante más de seis meses para ayudar a las fuerzas aéreas de EEUU a defender el país en caso de eventuales nuevos ataques.

Desde la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014, una de sus principales misiones ha sido sobrevolar Letonia para tener toda la información posible sobre los avances de las fuerzas prorrusas en Ucrania. Desde entonces, y con más razón desde la invasión del país en febrero, los aviones AWACS han realizado más de 1000 vuelos de observación y control del espacio aéreo en la zona.

También es habitual que los gobiernos de los países de la OTAN soliciten el apoyo de los “ojos del cielo” para incrementar la seguridad en torno a grandes acontecimientos internacionales, como los Juegos Olímpicos de Atenas, la boda de los Príncipes de Asturias o la cumbre que se celebrará en Madrid la semana que viene.

Fuente: EL ESPAÑOL

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