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La comunicación en la pareja: elementos y claves para mejorarla

comunicación en pareja

El mejor elixir en nuestras relaciones de pareja es, sin duda, la comunicación. Para entrar en materia, primero sería conveniente definir el término. Como la gran mayoría de palabras de nuestro idioma, proviene del latín, communicatio: “hacer a una persona partícipe de lo que se tiene”, “intercambiar algo”, “poner en común”.

Por tanto, y por ceñirlo a seres humanos, la comunicación consiste en un intercambio (voluntario) de información entre dos o más personas. Algunas definiciones no incluirían el término “voluntario”, aunque la inclusión o no de este término se comentará más adelante.

La comunicación puede ser la mayor fortaleza dentro de nuestra relación, tanto para potenciar los valores en los que toda relación sana debe fundamentarse como para mantener intacta la pasión y las ganas por descubrirnos el uno al otro, incluyendo, evidentemente, el aspecto sexual. Pero, para lograrlo, debemos conocer las claves de dicha comunicación. Y esto es precisamente lo que haremos en el artículo de hoy.

¿Qué es la comunicación en la pareja y de qué elementos consta?

Cuando pensamos en la comunicación, la imagen que nos invade son personas: emisoras y receptoras, enviando y recibiendo información (un mensaje). Pero nuestra protagonista, la comunicación, consta de más elementos.

Por un lado, el código, que es el conjunto de signos o acciones regulado por unas normas conocidas por quienes lo van a utilizar para comunicarse (como ejemplo, cada uno de los idiomas, lengua de signos, braille, código morse, señales con banderas, etc.) y, por otro, el canal, que es el medio a través del cual se transmite el mensaje (aire en el lenguaje verbal-oral, ondas y fibra óptica en medios como radio o tv, papel o pantallas de ordenador en el verbal-escrito, contacto físico en el no verbal, etc.)

Quedaría un último elemento de suma importancia y que cobra especial protagonismo en la comunicación entre una pareja: ambiente o contexto situacional, es decir, el entorno donde esta se produce, así como las condiciones del mismo.

Cada elemento por separado puede tener características favorables o desfavorables para la comunicación, por lo que será necesario cuidar todos y cada uno de ellos. Dependiendo del entorno, circunstancias o medio donde se vaya a comunicar, cada elemento tendrá una determinada relevancia y, por tanto, también los fallos correspondientes.

Así, serán distintos si se trata de informativos televisivos o radiofónicos, aplicados a la oratoria en el ámbito de la política, en la promulgación de una ley, un comunicado interno de empresa… o en el seno de una pareja.

Las discordancias entre lenguaje verbal y no verbal

Si tuviésemos que elegir el fallo o error de comunicación más frecuente, escogeríamos este con mucha probabilidad. El lenguaje no verbal es utilizado de forma voluntaria en un gran número de situaciones para reforzar, afianzar o intensificar nuestro lenguaje verbal, pero no siempre es así.

A veces emitimos, con nuestros gestos o movimientos, un mensaje espontáneo y no controlado (dejando por tanto de ser “voluntario”) que contradice lo que verbalmente estamos expresando. Es entonces cuando se produce esa discordancia entre nuestro lenguaje verbal y no verbal. En estos casos, siempre se dará mayor credibilidad al no verbal.

Esto también nos lleva a otra conclusión de suma importancia: es muy difícil, por no decir imposible, no comunicar ya que, aunque no emitamos una sola palabra, nuestros gestos y postura están proporcionando un mensaje a quienes los observan, incluso nuestra quietud o pasividad. Y ser conscientes de ello es especialmente importante en el ámbito de la pareja.

¿Cómo se puede mejorar la comunicación en nuestras relaciones de pareja?

No existe una única fórmula magistral para tener una relación comunicativamente exitosa, pero sí hay muchas técnicas de la comunicación que podemos poner en práctica en nuestro día a día y que tal vez desconocemos. Por este motivo, vamos a proporcionar algunas herramientas útiles, que están a nuestro alcance, para llevarlo a efecto y que reforzarían el vínculo emocional con la otra persona.

Antes de entrar en detalles, nos parece muy conveniente realizar ciertas puntualizaciones. Que una pareja sea conflictiva no radica en la presencia o ausencia de conflictos, sino en cómo estos se afrontan. Y al no conseguir resolverlos, “se da un déficit de consecuencias positivas para cada cónyuge” (Stuart, 1969).

Es decir, tenemos que “re-aprender” a comunicarnos con nuestra pareja por dos motivos importantes: para poder resolver nuestros problemas sin que nos conviertan en una pareja conflictiva y para gozar de una relación gratificante que nos proporcione consecuencias positivas.

Muchas de las respuestas erróneas son comunes a un gran número de parejas y se dan de forma recurrente hasta llegar a cronificarse. Algunos de los errores más típicos serían:

  • Los conflictos no se afrontan y se van acumulando.
  • Solo se comentan de forma superficial, en forma de queja e inculpando.
  • No se aportan soluciones o estas no se llevan a efecto.
  • Se emplean métodos resolutivos inadecuados: crítica, agresividad, castigos…

Antes de empezar, hay que tener clara una cuestión: La comunicación en la pareja es cosa de dos y para que “funcione” ambas personas deben implicarse activamente. De entre los tipos de comunicación verbal oral, se podría decir que la conversación entre dos personas es la forma más común y útil para poder expresar los sentimientos (tanto positivos como negativos), solucionar conflictos o llegar a acuerdos.

No obstante, en ocasiones, también podemos obtener todo lo contrario si caemos en alguno de los fallos comunes de la comunicación, por lo que tendríamos que estar alerta hacia esas prácticas que la pueden hacer fracasar.

Entonces, ¿cómo podríamos mejorar nuestras conversaciones?

Lo más importante es frenar y corregir la inercia conflictiva. A veces, cuando tenemos un bagaje de interrelación conflictiva, nuestra forma de actuar se ha perpetuado y la inercia va a hacerse dueña de la situación. Los gritos, desaires y mutuas acusaciones hacen su aparición, impidiéndonos poder llevar a cabo, con serenidad, cualquier técnica.

En estos casos, en nuestra comunicación tendríamos que introducir un código adicional, (consensuado y propio de la pareja) que nos ayudase a frenar dicha situación antes de que siga creciendo la bola de nieve. Debería ser algo sencillo y fácil de expresar (mejor aún si es sin palabras): una palmada o simplemente levantar la mano (como cuando queremos intervenir en un coloquio); es decir, una señal que realizará la primera persona de la pareja que sea consciente del avance de la desavenencia para que ambas puedan frenarla.

Es importante también cuidar los preliminares. Para perseguir el éxito en nuestra comunicación, debemos tener en cuenta ciertos aspectos preliminares tales como elegir un contexto apropiado que preserve la intimidad e, igualmente, un momento del día adecuado donde el trabajo cotidiano, la fatiga o las prisas no nos impidan dedicar el suficiente tiempo y de forma relajada a nuestra conversación.

Ejercitando ciertos aspectos que, a rasgos generales, podrían ser: saber y querer escuchar (escucha activa), hacer descripciones y/o peticiones lo más claramente posible, hacer preguntas que nos aclaren dudas y eviten malas interpretaciones, utilizar preferentemente información positiva en detrimento de la negativa y dar información adicional gratuita que sea agradable.

Y, también, tratando de evitar los siguientes comportamiento: acaparar el turno de palabra o interrupciones continuas, exigir en vez de pedir, dejar de escuchar o prestar atención a otra cosa distinta a la conversación, adivinar el pensamiento (creer saber lo que la otra persona va a decir y actuar en consecuencia), percepción selectiva (quedarse con aquella parte del mensaje que concuerda con lo que se piensa al respecto, ignorando el resto), magnificar, minimizar, ridiculizar el tema tratado o utilizar sarcasmos, distorsionar o tergiversar lo que la otra persona dice y una expresión no verbal inadecuada (tensión facial o gestos poco conciliadores).

¿Cómo puedo expresar mis sentimientos a mi pareja?

En las relaciones de pareja, la expresión de sentimientos es fundamental para solicitar y conseguir cambios en la conducta del otro miembro que, en consecuencia, serán beneficiosos y favorables para la pareja como tal y para cada componente de forma individual.

Y si te preguntas si solo deberíamos expresar los sentimientos positivos o también los negativos; la respuesta correcta sería: ambos. Los positivos por producir un doble efecto: no solo es gratificante para quien los expone, sino también para quien los recibe. Y los negativos porque nos permiten evitar dolorosas disputas o, al menos, mitigarlas, si aprendemos a expresarlos adecuadamente.

Por todo ello, es conveniente proporcionar unas mínimas pautas para poder comunicar tanto los de un signo como los de otro. La expresión de sentimientos positivos consiste en expresar emociones que sean del agrado de la otra persona (“me gusta cómo me acaricias”, “me emociona verte reír”…), reconocer aspectos positivos en el comportamiento de nuestra pareja (“me encanta cuando me traes el desayuno a la cama”, “sabes escuchar”…), proporcionar y solicitar contacto físico gratificante (tomarse de la mano, caricias, contacto visual, proximidad, etc.)

La expresión de sentimientos negativos es diferente y debe basarse en mensajes “YO”: La fórmula general de este tipo de mensajes sería: “cuando tú dices/haces…(conducta que molesta)… YO me siento (especificación del sentimiento en cuestión)”. Esta forma de comunicar es importante porque no culpabiliza, ya que una misma conducta de una persona puede molestar, dejar indiferente o incluso agradar a otra. Su significado vendría a ser: “lo que tú dices/haces (que puede ser bueno, malo o neutro) a mí me molesta y necesito decirlo para buscar una solución consensuada y válida para ti y para mí”.

Del mismo modo, cuando expresamos sentimientos negativos, deberíamos hacer una petición o propuesta para mejorar la situación y los sentimientos (“me gustaría que nos dedicásemos 1 hora al día”, “cuando me ocurre esto, necesito que comprendas mi dolor y no lo banalices”) y agradecer al otro/a por haber escuchado nuestra solicitud y comprometerse a realizarla o plantear un compromiso alternativo (“te agradezco que hayas intentado entender mis sentimientos y que contemples mi propuesta, también podemos valorar las alternativas que se te ocurran y ponernos de acuerdo en cuál elegir”)

Y ante los conflictos, ¿cómo debemos actuar?

Otro escollo común en el seno de cualquier pareja son los conflictos. De nuevo, recurrir a la comunicación adecuada, nos permitirá abordarlos con mayores garantías de éxito.

Para ello, primero habría que definir el problema en cuestión, centrándonos solo en uno de ellos en cada ocasión, planteando los argumentos de forma clara y sencilla, que puedan ser observables y, a ser posible, cuantificables. Es importante intentar escuchar y no realizar interpretaciones a priori.

Para la solución de conflictos, también hay ciertas pautas que lo favorecen:

  • Comencemos expresando algo positivo de nuestra pareja (siempre lo hay) favoreciendo así el acercamiento y bajando el umbral de tensión inicial.
  • Intentar ser lo más neutral posible, como si fuésemos una persona externa.
  • Admitir nuestra responsabilidad y papel dentro del conflicto (mayor o menor, siempre existe).
  • Comprobar que nuestra pareja nos ha entendido, asegurándonos con frases como “no sé si me he explicado bien”.
  • Pero también que hemos entendido correctamente aquello que nos han querido expresar, mediante repetición o resumen de lo escuchado: “entonces, lo que has dicho es…”.
  • Utilizar mensajes “YO” para la exposición del problema y de los sentimientos que nos genera.

Una vez más, no anclarnos en la queja, echar mano de la imaginación y abrirnos a alternativas (lluvia de ideas) sin descartar, a priori, ninguna porque, aunque algunas pudiesen incluso parecer descabelladas, una vez llevadas a cabo pueden llegar a ser exitosas.

A la pareja les restaría ponerse “manos a la obra”, teniendo siempre en cuenta unas premisas fundamentales: La decisión a tomar debe ser aceptable y aceptada por ambas personas. El compromiso para ejecutarlas debe ser conjunto. La clave del éxito no es otra que la práctica, sin permitir que los primeros intentos fallidos nos desalienten. Y, por último, nunca, nunca olvidar agradecer y felicitar a nuestra pareja cuando realice lo acordado, desde los primeros esfuerzos por lograrlo. En vosotros está la cerradura para que la relación sea sana para ambos. Y la comunicación, a través de las pautas que hemos visto, es la llave para abrirla. El amor es cosa de dos. Y la comunicación también. Nunca lo olvides.

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