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El negociador Trump retira tropas sin obtener mucho a cambio

WASHINGTON — Los talibanes habían deseado que Estados Unidos retirara sus tropas de Afganistán. Turquía había querido que los estadounidenses se fueran del norte de Siria. Corea del Norte había anhelado que por lo menos dejaran de realizarse ejercicios militares con Corea del Sur.

En cierta medida, el presidente Donald Trump ya ha cumplido esos tres deseos, pero sin obtener casi nada a cambio. El autoproclamado negociador ha dejado que se pierda la influencia que representa para Estados Unidos tener presencia militar en múltiples lugares alrededor del mundo sin haber negociado concesiones con aquellos felices por la retirada del Ejército estadounidense.

Para ser un presidente que ha prometido varias veces terminar con las “guerras interminables”, sus decisiones reflejan una convicción más general de que traer las tropas de vuelta a casa —o al menos retirarlas de los puntos conflictivos— es más importante que negociar para obtener ventaja. En su opinión, las décadas de aventurerismo militar en el extranjero solo le han traído al país un costo enorme en sangre y riquezas, y esperar hasta llegar a acuerdos prolongaría un desastre nacional.

Pero veteranos diplomáticos, expertos en política exterior y legisladores importantes temen que Trump esté desperdiciando el poder y la influencia de Estados Unidos en el resto del mundo sin una buena justificación. Argumentan que, al retirar las tropas unilateralmente, Trump ha envalentonado a los enemigos de Estados Unidos y ha perjudicado a sus aliados. Socios como Israel, acotan, están preocupados por la poca perseverancia de Estados Unidos. Enemigos como Corea del Norte o los talibanes han aprendido que pueden lograr sus objetivos sin tener que pagar un precio.

“Me cuesta encontrar alguna lógica estratégica real en las medidas del presidente”, afirmó John P. Hannah, consejero sénior de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) que fue asesor de seguridad nacional del vicepresidente Dick Cheney. “El único tejido conectivo real que veo es el casi preternatural impulso aislacionista al que invariablemente parece volver cada vez que queda a su suerte a nivel internacional, un impulso que llega incluso al punto de anular sus supuestos instintos de negociador”.

Reuben E. Brigety II, un exoficial de la Marina que fue embajador estadounidense ante la Unión Africana durante el gobierno de Barack Obama y actualmente es decano de la Escuela de Asuntos Internacionales Elliot de la Universidad George Washington, afirmó que igual de preocupante que las mismas decisiones es la aparente actitud caprichosa con la que se tomaron.

Según Brigety, Trump con frecuencia parece más interesado en complacer autócratas como el norcoreano Kim Jong-un y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que en organizar algún tipo de proceso coherente de formulación de políticas para considerar pros y contras.

“Cuando canceló los ejercicios militares con Corea del Sur, la única persona a la que consultó fue Kim Jong-un”, afirmó Brigety. “La decisión de abandonar a los kurdos vino luego de una breve llamada telefónica con Erdogan. Así que esas decisiones no se tomaron tras una reflexión personal acerca de la disposición estratégica de las fuerzas estadounidenses alrededor del mundo. Se tomaron luego de haber escuchado consejos de dictadores y desestimar los de sus propios asesores”.

Sin embargo, todas las quejas provenientes de la institución profesional de seguridad nacional le importan muy poco a Trump, que menosprecia a sus críticos y los acusa de ser los mismos que metieron al país en una guerra desastrosa en Irak. Aunque eso pudiera no ser cierto en todos los casos, Trump argumenta que 18 años después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, ya es hora de retirarse aun si no se obtienen concesiones a cambio.

Trump dijo a reporteros este lunes en una reunión del Gabinete: “Cuando veo a estos expertos que siempre están intentando atacarme, yo digo… ellos dicen: ‘¿Qué vamos a obtener de esto?’. ¿Saben qué vamos a obtener de esto? Vamos a traer a nuestros soldados de vuelta a casa. Eso es algo muy importante. Y probablemente funcione. Si no funciona, tendremos personas peleando como lo han venido haciendo durante 300 años. Es muy sencillo. En realidad es muy sencillo”.

Estados Unidos tiene alrededor de 200.000 soldados apostados por todo el mundo, y cerca de la mitad de ellos están en puestos relativamente menos peligrosos en Europa y Asia, donde el Ejército estadounidense ha mantenido presencia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Decenas de miles de elementos adicionales están desplegados en el Medio Oriente, aunque solo una fracción de esas tropas están en zonas activas de guerra en Afganistán, Irak y Siria.

Solo había sido necesario mantener unas cuantas decenas de agentes de las Fuerzas Especiales cerca de la frontera en el norte de Siria para disuadir a Turquía de atacar a los kurdos de esa región, aliados de Estados Unidos, pero el domingo 6 de octubre por la noche, poco después de haber conversado con Erdogan, Trump anunció que esos agentes se retirarían. Turquía procedió entonces a atacar ferozmente a los kurdos. Un video ampliamente difundido mostró cómo los kurdos enfurecidos le lanzaron papas a un convoy de tropas estadounidenses mientras se retiraba durante el fin de semana, como expresión de que se sentían traicionados.

Trump no le pidió a Erdogan nada a cambio. La diplomacia llegó solo después de que la incursión turca había iniciado, cuando Trump envió al vicepresidente Mike Pence y al secretario de Estado Mike Pompeo a Ankara para negociar un alto al fuego y darles tiempo a los kurdos para que se trasladaran a una nueva zona de seguridad que será controlada por Turquía a lo largo de la frontera siria. Erdogan básicamente obtuvo lo que quiso.

En Afganistán, el enviado especial de Trump estuvo meses negociando un acuerdo de paz con la milicia talibana para obtener garantías de que ese país no sería usado como base para ataques terroristas contra Estados Unidos a cambio de reducir el número de tropas estadounidenses a unos 8600. Las conversaciones fracasaron, pero Trump está retirando a las fuerzas estadounidenses de todos modos. El año pasado retiró 2000 soldados, por lo que quedaron de 12.000 a 13.000. Su plan es seguir reduciendo el número hasta llegar a los 8600.

En Asia, Trump canceló voluntariamente los tradicionales ejercicios militares de gran escala que realizaba Estados Unidos junto con Corea del Sur a petición de Kim, aun cuando estos países no han llegado todavía a ninguna clase de acuerdo concreto en el cual Corea del Norte se comprometa a abandonar sus armas nucleares. Esta decisión frustró no solo a aliados como Corea del Sur y Japón, sino también a diplomáticos y oficiales militares estadounidenses de alto nivel, quienes en privado se preguntaron por qué se le debía conceder a Corea del Norte una de sus demandas principales sin que entregaran algo a cambio.

Cuando se ha sentado en la mesa de negociaciones, los resultados obtenidos por Trump en el escenario mundial han sido mixtos o incompletos. Ha firmado un acuerdo para actualizar el TLCAN con México y Canadá, ajustado un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur y alcanzado un limitado tratado comercial con Japón.

Pero además del colapso de las conversaciones en Afganistán, no ha llegado a nada en las negociaciones nucleares con Corea del Norte, no ha avanzado en la prolongada iniciativa de paz palestino-israelí, no ha llegado siquiera a la mesa de negociación con Irán a pesar de su deseo manifiesto de hacerlo y sigue trabado en una negociación multimillonaria de alto riesgo con China sobre aranceles.

c.2019 The New York Times Company

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